viernes, 2 de mayo de 2014

Malena

     De repente una presión rodea mi pecho. Un calor extrañamente familiar me invade. Es inquietante el silencio a mi alrededor, y sin embargo me siento increíblemente seguro. Un viento casi gélido me parte los labios, no obstante permanezco inmovil. Percibo ya varios pares de pupilas devorándose mi luz, pero sigo inmutable. Mi corazón palpita calmo, inspiro profundamente, y exhalo sin prisa. Mis ojos se mantienen cerrados mientras cada instante fallece en el siguiente.
     -"Te extrañé, corazoncito" -me dice al oido.
     Apoyo mi mano suavemente en su cabeza, la beso en la mejilla, y antes de separarnos, -"Yo también" -le susurro. -"Muchísimo".
     En cada encuentro, ese es nuestro minuto de silencio, en honor a todo el tiempo muerto desde la última vez que nos vimos.