jueves, 14 de septiembre de 2017

Las notas de un bronce revientan de entre las nubes

Gabriel,
dejame oirte.
Deja al mundo escuchar tu grosso concerto.
Haz sonar, Gabriel,
estridente tu broncinea trompeta.
Libera, vencedor, al arco;
a la beligerante espada;
a la hambrienta bascula.
Libera a la peste,
cadaverico jinete,
que empuñando su guadaña juzgara,
al oir tu llamado,
Gabriel,
cual despotica Señoria,
y a todos dictara su funesta sentencia.

Ejecuta, Gabriel, fortissimo,
tu obertura final,
y da comienzo, por fin,
a tu ultimo concierto.

Museo muerto

     Caminar por las tumultuosas calles de tan enorme ciudad, esquivando vampirezcas travestis de metro noventa, con enormes senos siliconados y atizbos de barba; luchando y perdiendo contra la humedad que desde el rio vuelve el aire viscoso y espeso, y la pesadez de treinta y seis grados apagando los sentidos mientras se respira mas humo que oxigeno.
     La ruta de la droga se encauza en una gran avenida y desemboca en Plaza Miserere, comiendole la cabeza a los nenes, que nunca jamas pudieron jugar. Da miedo que de miedo la policia, y mas miedo da que de miedo el Estado.
     Unos se mueren de hambre, otros de angustia, algunos de droga, policia o desamparo. Buenos Aires, pandemonio, ¿como es que sigo queriendote?