Con todo
el amor del mundo, con dolor, pero con deleite, las degolló, una por una. Fue
una labor en seco. La luz brillaba sobre las cabezas muertas simulando un Sol
eléctrico y amarillo. Pobres. Niñas. Ni un sonido más que la columna vertebral
quebrándose, dándole paso al filo.
Una vez
pasada la tristeza inicial, el regocijo brilló en su cara con una sonrisa
hambrienta. Tomó las cabezas aún con color desde el cuello, las dio vuelta y
las ensartó, colgando cuidadosamente una a una en la más oscura catacumba. Una
mazmorra negra, ligeramente húmeda, donde corría el viento más helado que
alguna vez haya soplado desde las gargantas del cielo. Antes de cerrar las
puertas, -"Voy a verlas a diario" -se prometió.
Los
cadáveres, minuto a minuto, comenzaron a perder su intenso color habitual, y
tornaron a un marrón opaco y apagado, a veces rojizo. Cada vez que las
visitaba, se frotaba las manos impaciente. Cada vez estaban más listas, hasta
que un día...
Con la
misma hoja con que las había asesinado, rebanó un trozo de rostro y lo hizo mil
pedazos. Lo olió, lo frotó entre sus dedos y se los metió en la boca para
degustar su espera. No logró contener su alegría. Su crimen había valido la
pena, era exactamente como venía deseando que fuese. Era hora. Tomó el
picadillo de lo que alguna vez fue una de sus niñas, lenta y parsimoniosamente
lo hizo arder, y sonrió.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Proletarios
Proletarios.
Almas no-dueñas de su propio imaginar.
Desespera la trivialidad. Inmundicia de lo cotidiano. Las moras estalladas contra la vereda. Moras. Sangrantes moras. Sangrante soñar de los proletarios del imaginario en la hermosura de la obscuridad,
donde lo más bello aflora,
allí,
(para no ser visto).
sábado, 2 de noviembre de 2013
Graves
Vibra un temblor en el aire que exhalo.
Resuena el pecho.
Estremecido,
frenesí famélico de sabrosas risas tibias,
y en el cuello una vida entera.
Resuena el pecho.
Estremecido,
frenesí famélico de sabrosas risas tibias,
y en el cuello una vida entera.
Agudos
Un mínimo roce,
un suspiro del tacto basta.
un suspiro del tacto basta.
Basta.
Basta (pero no pares).
Basta.
Basta (porque no voy a poder parar).
Un suspiro,
una mirada que penetra,
y oigo tu tibio aliento reir.
Basta (pero no pares).
Basta.
Basta (porque no voy a poder parar).
Un suspiro,
una mirada que penetra,
y oigo tu tibio aliento reir.
jueves, 31 de octubre de 2013
Isaac Bradbury
Isaac Bradbury nació en el Estrecho de Bering en 1920. A lo largo de su vida ha escrito importantes críticas periodísticas tales como La Consagración de la Primavera Porteña: Viva Piazzolla, y Pina y la danza de la vida, alcanzando los más elevados reconocimientos por parte de sus colegas alrededor del mundo.
A los quince años de edad, sus padres se divorciaron a causa de sus ideologías opuestas. De padre astronauta y madre, curiosamente para la época, ingeniera astrofísica, el primero se inclinó por la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas en la carrera espacial, mientras que la última decidió virar hacia la NASA, en los Estados Unidos de América. Un Isaac adolescente apenas podía sobrellevar la idea de la separación cuando le preguntaron dónde quería vivir. Anonadado, respondió: "Voy a fundar mi lugar en Marte".
Lo que parecía ser la continuación de los pasos de su familia pronto se volvó a la escritura. Bradbury era poco comunicativo con los jóvenes de su edad, y en la literatura encontró su espacio de expresión. Luego de publicar tres cuentos de ciencia ficción en un diario barrial, decidió pedir trabajo allí mismo, y lo consiguió sin más problemas. El diario Sol Naciente lo empleó finalizando su ultimo año de enseñanza media, y es asi como se introdujo en el periodismo. Tras unos años subsistiendo gracias a cuentos publicados y el pobre trabajo en el pequeño diario, fue descubierto por su mentor, John Lee Hook, un balalaikista de muy poca fama quien se hacía el día a día con críticas musicales para Oblivion, uno de los diarios mas populares del país. Hook lo presentó en Oblivion como "el mejor joven escritor en cincuenta años" e inmediatamente pidió para el joven Isaac, ya con casi veinticinco años, un puesto de crítico artístico.
Bradbury se sentía muy turbado, ya que nunca había escrito una crítica y temía defraudar a quien confió en él, pero el diario lo envió a cubrir eventos sin mayor importancia, lo que lo alivió de su temor inicial. Inesperadamente, las criticas de Isaac comenzaron a causar furor. Su literaria forma de escribir interesó al público del diario, y todo evento criticado por el muchacho se volvía famoso (para bien o para mal). Oblivion le ofreció un sustancioso aumento de sueldo y un ascenso, pero él se negó repetidas veces a lo largo de los años. Como el diario insistía, propuso que el dinero que pensaban darle fuera usado para enviarlo a cubrir los eventos que le interesaran, y es así, ya consolidado en su puesto, famoso y respetado, que tuvo su primera gran crítica mundialmente reconocida.
La sorpresa, lo inimaginado. No solo la coreografía, sino también la escenografía, como la música se entrelazaba entre los cuerpos danzantes. Luego de un lustro, otra conmovedora primavera desató una ferviente locura irracional en el escritor, que volcó por primera y única vez en la tapa de un diario su más exquisito arte. Sus lectores lo compraban y promocionaban como un libro nuevo, pero un libro solo no podría contener tanta magnificencia como el artículo en cuestión.
En 2007, Isaac Bradbury, ya largamente retirado con ochenta y siete años y residiendo en Argentia junto a su pareja, llegó fortuitamente a un teatro por mera curiosidad, y dió la casualidad de que en apenas media hora se estrenaría la obra "Acassuso", de Rafael Spregelburd. Él no conocía al autor, ni había planeado ir al teatro ese día, pero seguramente por nostalgia, en cuanto se enteró de que era la primera vez que se representaría una obra no pudo resistirse. Compró una entrada y se acomodó en una butaca esperando el comienzo.
La obra transcurrió, finalizó y todos ya terminaban de abandonar la sala cuando un crítico del diario X se acercó tímidamente y le preguntó si era "él". Bradbury rió ante la frase, y contestó afirmativamente. El joven no pudo contener la alegría e inmediatamente le agradeció por la belleza y la inspiración de sus obras. Isaac, ya viejo y cansado de las adulaciones, le pidió que por favor se detenga. En seguida sacó un papel, una birome, escribió una breve pero concisa crítica y se la entregó al muchacho. "Publicala en tu diario, pero titulala vos". Esa fue la frase que llenó el alma del joven crítico para siempre, y fueron las últimas palabras conocidas de Bradbury.
Esa misma tarde-noche, volviendo a su hogar, un ciclista salió despedido del choque contra un colectivo de línea, aterrizando justo sobre la humanidad del escritor. Su viejo cuerpo no resistió el fuerte impacto, y murió antes de que llegara la ambulancia a auxiliarlo.
Isaac Bradbury murió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a los 87 años de edad, el 16 de Marzo de 2007. Su última crítica, Acassuso, una obra de teatro que no necesita ser actuada, fue publicada al día siguiente, junto a una página completa de homenaje.
A los quince años de edad, sus padres se divorciaron a causa de sus ideologías opuestas. De padre astronauta y madre, curiosamente para la época, ingeniera astrofísica, el primero se inclinó por la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas en la carrera espacial, mientras que la última decidió virar hacia la NASA, en los Estados Unidos de América. Un Isaac adolescente apenas podía sobrellevar la idea de la separación cuando le preguntaron dónde quería vivir. Anonadado, respondió: "Voy a fundar mi lugar en Marte".
Lo que parecía ser la continuación de los pasos de su familia pronto se volvó a la escritura. Bradbury era poco comunicativo con los jóvenes de su edad, y en la literatura encontró su espacio de expresión. Luego de publicar tres cuentos de ciencia ficción en un diario barrial, decidió pedir trabajo allí mismo, y lo consiguió sin más problemas. El diario Sol Naciente lo empleó finalizando su ultimo año de enseñanza media, y es asi como se introdujo en el periodismo. Tras unos años subsistiendo gracias a cuentos publicados y el pobre trabajo en el pequeño diario, fue descubierto por su mentor, John Lee Hook, un balalaikista de muy poca fama quien se hacía el día a día con críticas musicales para Oblivion, uno de los diarios mas populares del país. Hook lo presentó en Oblivion como "el mejor joven escritor en cincuenta años" e inmediatamente pidió para el joven Isaac, ya con casi veinticinco años, un puesto de crítico artístico.
Bradbury se sentía muy turbado, ya que nunca había escrito una crítica y temía defraudar a quien confió en él, pero el diario lo envió a cubrir eventos sin mayor importancia, lo que lo alivió de su temor inicial. Inesperadamente, las criticas de Isaac comenzaron a causar furor. Su literaria forma de escribir interesó al público del diario, y todo evento criticado por el muchacho se volvía famoso (para bien o para mal). Oblivion le ofreció un sustancioso aumento de sueldo y un ascenso, pero él se negó repetidas veces a lo largo de los años. Como el diario insistía, propuso que el dinero que pensaban darle fuera usado para enviarlo a cubrir los eventos que le interesaran, y es así, ya consolidado en su puesto, famoso y respetado, que tuvo su primera gran crítica mundialmente reconocida.
La Consagración de la Primavera Porteña: Viva Piazzolla
En 1970, Astor Piazzolla compone Primavera Porteña, y no estaba dispuesto a perdérselo. Presenta el proyecto en Oblivion y naturalmente es aprobado. Por primera vez en su vida, Isaac Bradbury emprende un viaje internacional que terminaría en una obra maestra sobre otra obra maestra. El artista que siempre vivió en él fue tocado en su fibra más íntima por Piazzolla, y no pudo más que escribir no una crítica, no un artículo perdiodístico, sino una verdadera obra literaria. Los lectores a lo largo y ancho del mundo quedaron maravillados ante la pasión y la emoción escritas en esas hojas de diario.Pina y la danza de la vida
Inesperadamente, apenas cinco años despues de este suceso en el mundo periodístico y artístico en general, el 3 de Diciembre de 1975, Pina Bausch coreografeó, justamente, la Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky. Nuevamente, Bradbury estuvo allí.La sorpresa, lo inimaginado. No solo la coreografía, sino también la escenografía, como la música se entrelazaba entre los cuerpos danzantes. Luego de un lustro, otra conmovedora primavera desató una ferviente locura irracional en el escritor, que volcó por primera y única vez en la tapa de un diario su más exquisito arte. Sus lectores lo compraban y promocionaban como un libro nuevo, pero un libro solo no podría contener tanta magnificencia como el artículo en cuestión.
En 2007, Isaac Bradbury, ya largamente retirado con ochenta y siete años y residiendo en Argentia junto a su pareja, llegó fortuitamente a un teatro por mera curiosidad, y dió la casualidad de que en apenas media hora se estrenaría la obra "Acassuso", de Rafael Spregelburd. Él no conocía al autor, ni había planeado ir al teatro ese día, pero seguramente por nostalgia, en cuanto se enteró de que era la primera vez que se representaría una obra no pudo resistirse. Compró una entrada y se acomodó en una butaca esperando el comienzo.
La obra transcurrió, finalizó y todos ya terminaban de abandonar la sala cuando un crítico del diario X se acercó tímidamente y le preguntó si era "él". Bradbury rió ante la frase, y contestó afirmativamente. El joven no pudo contener la alegría e inmediatamente le agradeció por la belleza y la inspiración de sus obras. Isaac, ya viejo y cansado de las adulaciones, le pidió que por favor se detenga. En seguida sacó un papel, una birome, escribió una breve pero concisa crítica y se la entregó al muchacho. "Publicala en tu diario, pero titulala vos". Esa fue la frase que llenó el alma del joven crítico para siempre, y fueron las últimas palabras conocidas de Bradbury.
Esa misma tarde-noche, volviendo a su hogar, un ciclista salió despedido del choque contra un colectivo de línea, aterrizando justo sobre la humanidad del escritor. Su viejo cuerpo no resistió el fuerte impacto, y murió antes de que llegara la ambulancia a auxiliarlo.
Isaac Bradbury murió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a los 87 años de edad, el 16 de Marzo de 2007. Su última crítica, Acassuso, una obra de teatro que no necesita ser actuada, fue publicada al día siguiente, junto a una página completa de homenaje.
miércoles, 30 de octubre de 2013
Desnuda
Abrió los ojos. Pestañeó. Bostezó mientras
se desperezaba y pestañaba nerviosa. En menos de un minuto ya estaba levantada
vistiéndose.
Desayunó un café negro sin azúcar y tres
cigarrillos. La casa era oscura y apenas entraba una pálida y mortecina
pantalla de luz. Reticente, se puso a escribir en la penumbra. El piso viejo de
madera sucia e hinchada sostenía hercúleamente el desorden y el polvo de años.
Un millar de muebles decoraban con su muerta inmovilidad el amplio espacio que
de otra manera permanecería vacío, hueco. Madera por doquier, papeles en todo
rincón. Papeles. Escritos a mano, impresos, recortados o arrancados de libros,
revistas, papeles amarillos del tiempo y la humedad. Papeles, y cenizas de
cigarrillo, y ahora las de uno más, mientras otro papel se cobraba la vida de
la última lapicera. Qué trágica ocasión. Qué tristeza. Qué pereza.
Tenía realmente muchas ganas de escribir,
pero salir a la calle estaba fuera de toda consideración, así que se resignó,
se levantó y abandonó la deprimente sala de estar-comedor-dormitorio. Caminó
las descascaradas paredes del largo pasillo, haciendo crujir las tablas del
piso al toque de cada planta de pie, hasta llegar al baño. Desmontó el jabonoso
espejo, rescató una sucia cucharita de alguna gaveta y se sentó en la tabla de
aglomerado inflado por el agua goteante del techo. Sacóse la vieja y
amarillenta remera, revelando una piel tersa, hermosa, y muy cansada. Debajo de
unos senos más bien pequeños, acorde a quien los lleva, huesudas costillas
surgían de un abdomen puramente dérmico. Los brazos finos y largos presentaban
marcas de todo tipo, la sangre seca se dibujaba en derredor de las heridas. En
el extremo más alejado de antebrazos tan delicados, tan quebradizos a la vista,
erguidas orgullosamente, dos deliciosas manos desamortajaban una cajita salida
de detrás del espejo con especial cuidado y serenidad, a pesar de un leve
temblor en el pulso.
Abrió los ojos. Pestañeó. Temblando en su
semidesnudez, se levantó, tomó el encendedor de dentro de alguna gaveta y
prendió dos cigarrillos antes de buscar abrigo. Se vistió un viejo buzo gris y
desayunó un café negro con mucho azúcar. Volvió al baño, mojo sus ojos, sus
marcados pómulos, su seca boca con agua helada, empapándose el cabello, que,
hermoso, dibujaba aún el laberinto del sueño. Enjuagó el negro de la cuchara y
volvió a montar el espejo, más esto no duró. Ni bien colocó el vidrio,
estirándose para asegurar la parte superior, vio su vientre debajo del buzo
levantado. El llanto más solitario, más profundo, más desgarrador atravesó toda
su columna en un escalofrío eterno, y escapó por unos ojos de agua. Se
arrodilló, se tumbó hacia un costado, abrazándose, y no pudo hacer más, no pudo
hacer menos que llorar, y llorar, y llorar, hasta caer desmayada.
Despertó un Jueves, sin cigarrillos, y
apenas pudo abrir los ojos. El piso del baño era frío, y estaba muy sucio. Las
baldosas abrazaban el polvo hasta congelarlo. A los tumbos se levantó, penetró
a través de un pequeño saloncito y llegó a la cocina casi vacía. Arrancó un
trozo de pan y tomó los últimos pedazos de carne seca. Comió desesperadamente.
Eructó todo el apresurado aire a medida que se servía un vaso del grifo y lo
bebía. Caminó el pequeño cuarto de persianas cerradas, recorrió el pasillo
arrastrándose en cada paso, alcanzó el ordenado caos de la habitación
principal, y, solo entonces, inspiró largamente, y exhaló.
Primero se sacó la ropa interior, una
pierna, luego la otra, sin sentarse. Acto seguido, se deshizo del buzo, y se
supo desnuda como nunca se había sentido. No era la ínfima brisa de aire
viciado entre sus piernas, impactando con delicadeza en sus senos, lo que
transmitía en sensaciones su desnudez. No. Era el baño.
Colocó el tapón. Abrió el agua caliente a
máximo, y un poco de agua fría. Vió su cadavérica sonrisa de resignación en un
reflejo obscuro, difuso, poco claro. Desmontó el jabonoso espejo una vez más, tal
y como lo había hecho antes.
Una pausa.
Cerró las canillas presurosamente, arrojó
el espejo al sucio y helado piso y se acostó en la bañera. La madera de la
puerta crujió en un amargo llanto. Pudo ver como un viento, casi una tempestad,
abría de par en par los ventanales de su salón y daba vida a la amarilla
colección de papeles que nunca nadie había leído jamás, haciéndolos volar en
busca de alguien que los encuentre, alguien que pose sus ojos, su vista y su
interés en ellos.
Recorrió con manos ciegas cada ápice de
piel. Sintió con las yemas de sus dedos su divinamente alborotado cabello, su
cara, hundida en la flacura, su largo cuello. Se acarició los hombros, los
brazos, los pechos. Apoyó sus palmas sobre los muslos y recorrió su
entrepierna, bajando hasta las rodillas, y luego a las pantorrillas, los finos
tobillos, los pies.
Una lágrima se deslizó desde el ojo
izquierdo. Sus bellas manos fueron las encargadas de ver la verdadera desnudez.
Fueron ellas las que subieron las piernas, las que se toparon con la infame
marca que subía desde el monte de venus hasta el ombligo. Fueron ellas las que
reposaron a los lados de las caderas, mientras lloraba, y dormía.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Bellísimo error
Un ominoso sol negro se ahoga entre pesados nubarrones. Ápices
de viento acarician el suelo, barriéndolo de hojas como arañas muertas.
Una invisible capa de calor húmedo aplasta la madrugada hasta hacerla
crujr. El aire da paso al vacío, extinguiendo toda forma de vida,
salvando la inmortalidad del fuego bizantino del sueño. El asfalto
desolado hierve de frío y lluvia. Vaticinio. Una inminente tristeza
asoma en el horizonte junto al astro apagado.
Inesperadamente, el silencio irrumpe, y se abstrae del silencioso ruido. Uno, dos, tres minutos con los labios cerrados. Una, dos, tres, cuatro veces con los labios juntos. ¡Que hermosa forma de empezar el día!
Inesperadamente, el silencio irrumpe, y se abstrae del silencioso ruido. Uno, dos, tres minutos con los labios cerrados. Una, dos, tres, cuatro veces con los labios juntos. ¡Que hermosa forma de empezar el día!
Aquelarre
Alberto corría, gritaba, lloraba, escapaba del suelo. Mi voz
quebraba y se quebraba en el silencio que moría. Alberto no entendió la
parte superior, y cayó. Cayó, más no calló. Vivió cada momento gritando,
desde el fondo. Gritó, jugó, cegó con su mirada ciega. No, no puedo
ver. ¡No! ¡No puede ser! Grito, canto, aúllo, exploto, caigo, me
quiebro. Yo seré el animal, vos serás mi dueña.
sábado, 10 de agosto de 2013
Esa tarde de lunes
De la boca seca del joven escapaba el aliento exhaltado, cautivo
dentro del pecho, deseoso de salir ante el latir del corazón que
palpitaba a mil por hora. Bota entre los pulmones el pequeño caprichoso,
y botaba infernalmente rápido esa tarde de lunes, haciendo temblar el
cuerpo del pobre frente al éxtasis y la abstracción total, que, de tan
hermosa, aterraba. Su alma rota era expulsada a través de este aliento,
y, de boca en boca, comenzaba nuevamente a ser.
Se nota en la persona cuando está perdida, pues este desenfoque dota de un aire extraño. El joven flotaba en este aura magnificente de extrañez, y temblaba. Una lágrima humedeció su ojo, pero se negó a caer, cual gota adherida a la hoja de un árbol que huye de su destino de concreto.
Muerto en vida para los otros, solo viviendo ese instante, cerró los ojos, y besó.
Se nota en la persona cuando está perdida, pues este desenfoque dota de un aire extraño. El joven flotaba en este aura magnificente de extrañez, y temblaba. Una lágrima humedeció su ojo, pero se negó a caer, cual gota adherida a la hoja de un árbol que huye de su destino de concreto.
Muerto en vida para los otros, solo viviendo ese instante, cerró los ojos, y besó.
domingo, 7 de julio de 2013
En blanco
Al despertar,
solo ves blanco. Una amplia habitación cuadrada, sin ventanas ni puertas,
completamente blanca. La temperatura adentro te permite no sufrir tu desnudez. Una
extraña sensación recorre tu piel al contacto con el piso. Tanto este como las
paredes se ven impenetrables, pero sin embargo tienen una suavidad innata,
invitan a la comodidad. El techo, por su parte, está demasiado alto como para
divisarlo. El cuarto está vacío completamente, sin ninguna comunicación
aparente con el exterior, y muy bien iluminado, aunque no llegás a descifrar
cómo, ya que no hay lámpara alguna capaz de ser captada por tus ojos.
Tarde o temprano, la duda surge: -"¿Cómo llegué aquí?" -Lo último que recordás es tomar un par de copas de champaña, hacerle el amor a tu esposa y dormirte sin volver a vestir la ropa de noche, en medio de un agotamiento feroz. Entonces, ¿cómo llegaste a...a...a dónde? ¿Dónde estás? Obviamente, la habitación es irreconocible. Ni siquiera se te ocurre por qué estás ahí, ni quién te puso en ese lugar. ¿Estás solo? ¿Te están observando? ¿Qué pasó con tu mujer? La incertidumbre te carcome. ¿Qué podrás haber hecho para terminar ahí? Solo de vez en cuando al tratar de tranquilizarte se te cruza por la mente, fugaz como una liebre que cruza la ruta, una esperanza de que en realidad no te va a pasar nada malo, pero no lográs sostenerla lo suficiente, y volvés otra vez a la iteración de terror y confusión, a la desesperación del no entendimiento, al miedo a ese cuarto blanco, inmaculado, estéril.
Tu única referencia temporal es el hambre, que va subiendo hasta alcanzar tu garganta y te ahoga. Tus labios, si tuvieras motivo para sonreír, se te partirían de tan secos que están. Empezás a planear, a maquinar ideas fantasiosas sobre tu forma de acción. Imaginás vistosas tomas, o avanzadas habilidades marciales que no dominás realmente, para aplicar a quien se muestre. Obviamente deshechás estos absurdos, no tanto por saberte inútil en el arte de la pelea, sino por pensar qué vendría después de la golpiza. ¿Acaso saldrías corriendo? Si no sabés dónde estás, ¿cómo vas a saber si podrás escapar a pie? Una a una, las ideas van muriendo en tu imaginario, dando a luz a una frustración que crece tanto que parece que te va a hacer explotar la cabeza en mil pedazos.
Sigue pasando el tiempo, y lo único que
acertás a hacer es desmayarte. Cuando volvés a abrir los ojos, no hay hambre ni
sed que te aqueje, como si te hubieran alimentado en tu desvanecimiento, como
si alguien quisiera mantenerte con vida. La habitación está siempre bien iluminada.
El día no pasa. Es algo que nunca viste, una capacidad de violencia de
pensamiento que jamás creíste posible. Parece ser que quien sea que te esté
reteniendo no quiere dejarte nada, ninguna clase de referencia visual, de
objeto de la vida que se te va borrando poquito a poco de tu memoria.
La temperatura es constante, y no permite diferenciar día y noche, verano e invierno. Eso te desespera mucho. Cuanto más pasás en ese cuadrado blanco, menos esperanzas te quedan. Lentamente vas olvidando tu cara. Pensaste hace tiempo en dejar de comer y morir de hambre, pero no resististe la agonía. Comenzás a darte cuenta de que la desnudez te impide ahorcarte –y aunque pudieras, el techo está demasiado alto como para hacerlo-, y no tenés el nervio como para morderte la lengua.
El olvido se adueña de vos. Apenas recordás de a ratos que tenías una esposa, pero no la recordás a ella. Olvidás tu casa, tu barrio, la luz del Sol. Ni siquiera recordás tu voz, y, un tiempo después, hasta se te olvida el lenguaje. Tu nombre ya no existe. Estás en blanco.
La esquina de la habitación que hace las veces de baño comienza a ganar terreno a medida que tu cuarto carente de limpieza, se va tornando de un tono nauseabundo. El aire, cada vez más viciado, casi que se puede ver. Un olor putrefacto es bastante bien tolerado gracias a la desmesurada altura del techo, pero invoca a la incomodidad extrema.
Ya no pensás en salir, solo seguís las reglas del juego sin esperar el más mínimo cambio, y es así que vas perdiendo tu humanidad. Desde hace largo rato no te surge siquiera el impulso de masturbarte, una idea carnal que te remita a lo más animal de tu ser. Transitás el tiempo sin medidas solamente durando. Ya no te dás a la actividad del pensamiento. Escasos signos dan cuenta de tu condición de ser vivo.
En algún momento, mirándote las manos, comenzás a ver arrugas, y después ves canas en tu vello corporal. No podés creerlo, parece mentira, pero aparentemente estás ahí desde hace años. La desesperación que te empujaba más y más a la panacea del suicidio fue vencida por la desesperación de no encontrar forma de suicidarte y, finalmente, por la resignación. Te desmayás otra vez.
Al despertar, ves a tu esposa durmiendo desnuda a tu lado en la cama, y la lluvia y el cielo gris en la ventana. Respirás el fresco aire acondicionado. Sentís el calor del otro cuerpo, y oís su aliento entre sueños, te ves la piel de las manos tersa y joven. Abrís el cajón de tu mesita de luz, sacas un revolver y te volás la tapa de los sesos.
jueves, 30 de mayo de 2013
Desquite
Quiero apretarte entre mis brazos hasta que te crujan las costillas y la presión sangre por tus orejas. Quiero partirte las piernas, quiero arrastrarte de los pelos de la nuca hasta el otro lado del salón. Quiero verte llorar y oir tus gritos, que empiezan como súplicas y se van tornando en aullidos.
Deseo rasgar tu remera, agarrarte y levantarte de la piel del pecho hasta apoyar contra el suelo los huesos que te dieron pie. Deseo sacar del banco las maderas y estamparte las manos, con los herrumbrados clavos, contra la pared hasta que te sostengas.
Quiero calentar mi encendedor y quemarte el vientre una y otra y otra vez, y cuando ya no lo sientas, quemarte los ojos con la llama viva.
Deseo arrancarte la piel de la cara y masticar con hambre la carne que alguna vez te hizo sonreir como odio que sonrías. Deseo cortarte la garganta con el cuchillo que me acompaña desde hace tanto, desde chiquito, hasta que la sangre fluya de tu cuello hasta mi boca.
Lo más importante de todo, es que deseo mantenerte vivo hasta el final, para que sufras, para escucharte gritar.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
Deseo rasgar tu remera, agarrarte y levantarte de la piel del pecho hasta apoyar contra el suelo los huesos que te dieron pie. Deseo sacar del banco las maderas y estamparte las manos, con los herrumbrados clavos, contra la pared hasta que te sostengas.
Quiero calentar mi encendedor y quemarte el vientre una y otra y otra vez, y cuando ya no lo sientas, quemarte los ojos con la llama viva.
Deseo arrancarte la piel de la cara y masticar con hambre la carne que alguna vez te hizo sonreir como odio que sonrías. Deseo cortarte la garganta con el cuchillo que me acompaña desde hace tanto, desde chiquito, hasta que la sangre fluya de tu cuello hasta mi boca.
Lo más importante de todo, es que deseo mantenerte vivo hasta el final, para que sufras, para escucharte gritar.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
Sensaciones
Sentado, con Cramer detrás de mi dolida espalda, me ahogo en el humo de un colectivo, a veces real, a veces imaginario. Saboreo el hambre del mediodía y veo los colores de la mochila de Emi, el monocromo de la mochila de Emi, tinta que, a la espera de ser parte de bellos poemas, hermosos sonetos o angelicales cuentos infantiles, terminó chocando contra un sweater.
Mi pelo al viento tapa parcialmente al edificio que se yergue frente a mi. ¿Qué tan lindo es descubrir lo bonito de un símbolo, aún cuando lo que éste representa choca de frente contra mis creencias propias? ¿Qué tan horripilante es ver la cara del perro que me mira a los ojos con gesto amable mientras su dueña tironea de la correa hablando por celular?
El loop infinito del transito me deprime casi tanto como el pasado en el olor de un cigarrillo, pero me permite reflexionar, escribir y describir esta escena de mediodía de jueves como si estuviese pintando con acuarelas: claro, pero un poco incomprensible si quien lee no es quien escribió. A fin de cuentas, si no escribo me vuelvo loco.
Conservo en mi boca sensaciones: gusto, tacto.
Veo el monocromo de la mochila de Emi.
Huelo felicidad, no se bien en qué. En el aire.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
Mi pelo al viento tapa parcialmente al edificio que se yergue frente a mi. ¿Qué tan lindo es descubrir lo bonito de un símbolo, aún cuando lo que éste representa choca de frente contra mis creencias propias? ¿Qué tan horripilante es ver la cara del perro que me mira a los ojos con gesto amable mientras su dueña tironea de la correa hablando por celular?
El loop infinito del transito me deprime casi tanto como el pasado en el olor de un cigarrillo, pero me permite reflexionar, escribir y describir esta escena de mediodía de jueves como si estuviese pintando con acuarelas: claro, pero un poco incomprensible si quien lee no es quien escribió. A fin de cuentas, si no escribo me vuelvo loco.
Conservo en mi boca sensaciones: gusto, tacto.
Veo el monocromo de la mochila de Emi.
Huelo felicidad, no se bien en qué. En el aire.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
Un libro
Narra la historia de un libro sin más tapa que un negro cuero, cuyo alma, incomprensible a simple vista, no es más que una guía para quien descifre sus recovecos. Narra también la historia de quien lo descubra y estudie, llegando a apreciarlo y codiciarlo inclusive.
Es quizá el miedo el vehículo para encontrarlo, y el perder el miedo lo que lleva a investigar, a leer y comprender el alma del libro.
La noche primera en que se entienda una palabra -puesto a que simplemente no parece correcto leerlo de día- será una noche de suave garúa. A medida que pase el tiempo y el alma, quien lo posea comenzará a poseer también la ilusión de seguridad, y el miedo de cualquiera que sepa que uno esta comprendiendo lo incomprensible.
Una guía, un vehículo, un camino de ida. La muerte al chasquear los dedos. La vida, casi sin saberlo. La magia de lo inocuo que deja de serlo ¿es magia, o simplemente pura subjetividad? ¿Son las instrucciones órdenes a seguir a rajatabla? Son los rayos en el cielo señal de que el libro ha sido concluído. La luna, en llamas, alumbra con luz prestada a las nubes que, de tanto quemarse, lloran pesadas lagrimas. Una guía. El alma del libro es una guía, un vehículo, un camino hacia el alma de quien no lo escribió, de quien no lo leyó, y ni siquiera lo conoce, y sin embargo es su dueño.
En círculo, cenizas vuelven a arder. El miedo vuelve a quien lo había perdido. El mundo, sin saberlo, respira sus últimas bocanadas de vida.
Es quizá el miedo el vehículo para encontrarlo, y el perder el miedo lo que lleva a investigar, a leer y comprender el alma del libro.
La noche primera en que se entienda una palabra -puesto a que simplemente no parece correcto leerlo de día- será una noche de suave garúa. A medida que pase el tiempo y el alma, quien lo posea comenzará a poseer también la ilusión de seguridad, y el miedo de cualquiera que sepa que uno esta comprendiendo lo incomprensible.
Una guía, un vehículo, un camino de ida. La muerte al chasquear los dedos. La vida, casi sin saberlo. La magia de lo inocuo que deja de serlo ¿es magia, o simplemente pura subjetividad? ¿Son las instrucciones órdenes a seguir a rajatabla? Son los rayos en el cielo señal de que el libro ha sido concluído. La luna, en llamas, alumbra con luz prestada a las nubes que, de tanto quemarse, lloran pesadas lagrimas. Una guía. El alma del libro es una guía, un vehículo, un camino hacia el alma de quien no lo escribió, de quien no lo leyó, y ni siquiera lo conoce, y sin embargo es su dueño.
En círculo, cenizas vuelven a arder. El miedo vuelve a quien lo había perdido. El mundo, sin saberlo, respira sus últimas bocanadas de vida.
Una idea
Una idea.
A partir de la idea,
un desarrollo.
El desarrollo se escribe,
para no ir olvidando.
Las páginas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
Se lee el desarrollo.
Se alcanza la idea cruda,
la base primordial.
Las ideas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
A fin de cuentas,
se escribe
para ir olvidando
poco a poco,
mucho a mucho.
Y a pesar de que no es fácil,
se puede escribir
para no olvidar lo que se olvida.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
A partir de la idea,
un desarrollo.
El desarrollo se escribe,
para no ir olvidando.
Las páginas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
Se lee el desarrollo.
Se alcanza la idea cruda,
la base primordial.
Las ideas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
A fin de cuentas,
se escribe
para ir olvidando
poco a poco,
mucho a mucho.
Y a pesar de que no es fácil,
se puede escribir
para no olvidar lo que se olvida.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
sábado, 27 de abril de 2013
Me besaste
Me besaste. Me besaste en el cuello, del lado izquierdo. Me besaste, y te fuiste caminando tranquila a tu casa, sabiendo que una parte tuya seguia conmigo, y sigue hasta ahora mismo. Es la que me impulsa a escribir esto.
Me besaste en el cuello y todavia tengo la misma sensacion. Mantengo justo ahi, donde tus labios se apoyaron un instante y me dejaron, casi como un regalo, una parte de tu alma, la extrañeza de aquello casi desconocido que me dejo, inclusive hasta ahora, respirando fuerte y con el pulso acelerado, deseando tenerte frente a mi, a pesar de saber que me arrodillaria ante vos sin saber que hacer, y lloraria.
Me besaste en el cuello y todavia tengo la misma sensacion. Mantengo justo ahi, donde tus labios se apoyaron un instante y me dejaron, casi como un regalo, una parte de tu alma, la extrañeza de aquello casi desconocido que me dejo, inclusive hasta ahora, respirando fuerte y con el pulso acelerado, deseando tenerte frente a mi, a pesar de saber que me arrodillaria ante vos sin saber que hacer, y lloraria.
sábado, 20 de abril de 2013
Una charla de distancia
Desde el martes de la semana pasada me venia sintiendo muy mal. Por mas que me agradan mis nuevo scompañeros de curso, no tengo a nadie con quien hablar profundamente como tenia en la Thompson. No me sentia bien en Ludere tampoco. Sentia que el camino musical (y de la vida) que estoy eligiendo me aleja cada vez mas de los intereses del grupo, y que no estoy musicalmente a la altura para tocar el estilo de musica que hacemos con el conjunto. La conjuncion de estas dos cosas hizo que sienta que ocupaba un lugar que podia ser ocupado por gente mucho mas mentalizada y musicalmente adecuada al grupo. Ademas me sentia bastante fuera del grupo humano, cosa que jamas me habia pasado.
El detonante de todo fue que en medio del ensayo me entere que Independiente habia empatado 1-1 contra Union (hasta ese momento lo que yo sabia era que ibamos ganando 1-0). Me cayeron unas lagrimitas aisladas (como siempre...estaria bueno llorar alguna vez para variar) y no me pude volver a concentrar.
Claro, todo este malestar hizo que sea una suerte de ente irradiador de energia negativa. Claro, tambien, que esto no ayudaba a sentir simpatia para conmigo de parte de mi novia, que tambien venia con algunas vueltas propias.
Me escribio, le escribi. Algo hizo un click y empezamos a comprendernos mejor.
El sabado fuimos un rato al parque, hablamos, nos dijimos todo (o mucho) de lo que queriamos contarnos y de lo que queriamos saber del otro, y de repente estabamos sonriendo de oreja a oreja. La acompañe hasta su casa y nos despedimos por un rato. Unas horas despues, ya de noche, ya arreglado, la pase a buscar para ir a dos fiestas de cumpleaños.
Estaba tan hermosa! Me re-enamore. Aunque nos habiamos separado unas horitas nomas, ya nos extrañabamos mucho.
Pasamos los cumpleaños felizmente, y a las 5am (el segundo cumpleaños era un 15) ya no dabamos mas, asi que salimos del salon de baile, me sente en un banco largo muy comodo y ella se acosto con la cabeza sobre mi pierna. Fueron los mejores 45' de todo el (hermoso) cumpleaños. Se durmio tranquila mientras le acariciaba suavemente el pelo, el cuello y la panza. Sonreia.
Desde hace una semana que queremos estar juntos a todo momento, y cada vez que lo estamos la sonrisa no se borra nunca.
Queridos no-lectores, ¡como la amo!
El detonante de todo fue que en medio del ensayo me entere que Independiente habia empatado 1-1 contra Union (hasta ese momento lo que yo sabia era que ibamos ganando 1-0). Me cayeron unas lagrimitas aisladas (como siempre...estaria bueno llorar alguna vez para variar) y no me pude volver a concentrar.
Claro, todo este malestar hizo que sea una suerte de ente irradiador de energia negativa. Claro, tambien, que esto no ayudaba a sentir simpatia para conmigo de parte de mi novia, que tambien venia con algunas vueltas propias.
Me escribio, le escribi. Algo hizo un click y empezamos a comprendernos mejor.
El sabado fuimos un rato al parque, hablamos, nos dijimos todo (o mucho) de lo que queriamos contarnos y de lo que queriamos saber del otro, y de repente estabamos sonriendo de oreja a oreja. La acompañe hasta su casa y nos despedimos por un rato. Unas horas despues, ya de noche, ya arreglado, la pase a buscar para ir a dos fiestas de cumpleaños.
Estaba tan hermosa! Me re-enamore. Aunque nos habiamos separado unas horitas nomas, ya nos extrañabamos mucho.
Pasamos los cumpleaños felizmente, y a las 5am (el segundo cumpleaños era un 15) ya no dabamos mas, asi que salimos del salon de baile, me sente en un banco largo muy comodo y ella se acosto con la cabeza sobre mi pierna. Fueron los mejores 45' de todo el (hermoso) cumpleaños. Se durmio tranquila mientras le acariciaba suavemente el pelo, el cuello y la panza. Sonreia.
Desde hace una semana que queremos estar juntos a todo momento, y cada vez que lo estamos la sonrisa no se borra nunca.
Queridos no-lectores, ¡como la amo!
jueves, 11 de abril de 2013
Sexo
(Este poema se puede leer de abajo para arriba.)
Estas muriendo.
Eso que sientes, tan nuevo.
Sentimientos aun desconocidos realmente.
Dolor.
Placer.
Gritas.
Gritas, no sin sentido.
Estas haciendo el amor,
¡oh! querida mia.
Estas naciendo.
domingo, 31 de marzo de 2013
martes, 26 de marzo de 2013
Busqueda
Por momentos me falta algo,
ese algo.
¿Que algo?
No se
Hay veces
en que estoy
lleno
de vacio.
Lo has notado, niña,
en no pocas ocasiones.
Lo has notado,
lo has sentido,
lo has sufrido.
El fragil equilibrio
entre lo que es de los demas
y lo que es tuyo,
la delicadeza de una maquinacion involuntaria pero real,
el ser libre y su lucha
contra el ser metodico.
¡Que inutil es todo esto
si no puedo sentirte,
aunque estes
lejos!
¡Que inutil es la vida
si no logro transmitirte en una mirada
la pena que me aqueja
por no ser mas simple para vos!
¡Que triste es
transmitir tristezas!
¡Que triste es lograrlo!
Si, todo esto
es tan viejo como el tiempo mismo,
pero a la vez nos ha tomado por sorpresa.
jueves, 14 de marzo de 2013
Muero
Muero,
lastimosamente muero.
lastimosamente muero.
La garganta inundada de sangre burbujea.
Esa lagrima odiosa se agarra de mis ojos sin querer soltarse.
Si mi vida acaba hoy,
si el ocaso de estos dias tristes
si el ocaso de estos dias tristes
llega quemando tiempo ajustadamente,
matenme, antes de que muera.
Besenme antes de matarme.
martes, 19 de febrero de 2013
Algo
Hay cosas que creemos son nuestras, que nos identifican y creemos desconocidas para el resto.
Al encontrar a alguien que comparta estas cosas, podemos sentir alegria o felicidad por un momento, pero tambien se siente una cierta desilusion: eso ya no es solo personal, alguien mas sabe que existe.
La vida personal, tal como lo veo yo, se trata de buscar eternamente eso que nos identifique y sea solo nuestro. La falta, aunque sea solo momentanea, de este algo hace que las personas se sientan perdidas. Perdidas en la vida. Perdidas en si mismas.
Siempre, por mas que se ame, por mas que se busque la compañia, siempre hay algo que no se ha de compartir, aunque se desee compartir. Algo muy personal (aunque, como dije antes, no lo sea), algo que nos vuelva unicos (aunque no lo seamos), algo...simplemente algo.
Al encontrar a alguien que comparta estas cosas, podemos sentir alegria o felicidad por un momento, pero tambien se siente una cierta desilusion: eso ya no es solo personal, alguien mas sabe que existe.
La vida personal, tal como lo veo yo, se trata de buscar eternamente eso que nos identifique y sea solo nuestro. La falta, aunque sea solo momentanea, de este algo hace que las personas se sientan perdidas. Perdidas en la vida. Perdidas en si mismas.
Siempre, por mas que se ame, por mas que se busque la compañia, siempre hay algo que no se ha de compartir, aunque se desee compartir. Algo muy personal (aunque, como dije antes, no lo sea), algo que nos vuelva unicos (aunque no lo seamos), algo...simplemente algo.
Palabras de un hombre feliz a una mujer amada
Perdon por la timidez.
Perdon por quedarme si palabras.
Perdon por no poder parar de sonreir cuando estoy con vos.
Perdon por no dejar de mirarte.
Perdon por siempre decir algo cuando deberia quedarme callado.
Perdon por no contarte todo -aunque entenderas que no me da placer recordar partte de mi pasado-.
Perdon por no saber que hacer y sentirme algo torpe.
Perdon, porque cada vez que expreso mis sentimientos palabras mediante me sale mas bella y profundamente por escrito, y no mirandote a los ojos (como quisiera hacerlo).
Perdon por pedir perdon tantas veces.
¿Sabes? El hecho de que tengas quince años y yo diecisiete no me afecta. Solo lo tengo realmente presente cuando (te) siento...cuando siento que hay algo que te resulta importante y queres decirmelo, pero a la vez te cuesta. Es entonces cuando trato de hacerte sentir contenida, comoda, segura. No se bien por que me comporto asi (o, mejor dicho, si lo se), pero la cuestion es que no era tan feliz desde hace años, y esto es pura y exclusivamente por vos. Porque te amo y sos lo mejor que me paso en años, y te juro que lo unico que quiero es lograr hacerte sentir feliz y amada.
Perdon por quedarme si palabras.
Perdon por no poder parar de sonreir cuando estoy con vos.
Perdon por no dejar de mirarte.
Perdon por siempre decir algo cuando deberia quedarme callado.
Perdon por no contarte todo -aunque entenderas que no me da placer recordar partte de mi pasado-.
Perdon por no saber que hacer y sentirme algo torpe.
Perdon, porque cada vez que expreso mis sentimientos palabras mediante me sale mas bella y profundamente por escrito, y no mirandote a los ojos (como quisiera hacerlo).
Perdon por pedir perdon tantas veces.
¿Sabes? El hecho de que tengas quince años y yo diecisiete no me afecta. Solo lo tengo realmente presente cuando (te) siento...cuando siento que hay algo que te resulta importante y queres decirmelo, pero a la vez te cuesta. Es entonces cuando trato de hacerte sentir contenida, comoda, segura. No se bien por que me comporto asi (o, mejor dicho, si lo se), pero la cuestion es que no era tan feliz desde hace años, y esto es pura y exclusivamente por vos. Porque te amo y sos lo mejor que me paso en años, y te juro que lo unico que quiero es lograr hacerte sentir feliz y amada.
domingo, 10 de febrero de 2013
Dicotomias
Que hacer? Que sentir? Mi querido rojo juega al futbol por momentos, pero tiene jugadores que deberian lijarlos un poquito...porque son de madera los hijos de puta.
Ferreyra? Vives en el pasado o que? Temporizate maese. No corre, no marca, no mete pases gol, no le pega de afuera y para colmo ni siquiera puede tirar un puto centro -desde que llego a Independiente, su unica virtud, vale aclarar-.
Santana ha demostrado ser un jugador que sabe de que se habla cuando sus papas platican sobre ese deporte llamado futbol que otros -Valles, Fredes, Battion, Villafañez- aparentemente desconocen. Por otra parte ha demostrado ser un pechofrio de mierda que no tiene ganas de vivir.
Farias mas que "burro" deberia haberse gritado "por que mierda no me retire despues del gol a Boca, la puta madre!". Una vergüenza que siga cobrando mas que el valor de un cafe con dos medialunas por el servicio que le presta al club.
Para colmo el CAI juega bien por momentos, sin embargo no metemos goles y seguimos en zona de descenso. Ultimamente tengo una discusion interna sobre si un descenso -y digo esto abrazando a un bosque, porque tocar madera es poco- es motivo suficiente o no para pegarme un corchazo en medio de la sien izquierda....o si tendre que conformarme con la derecha.
Por otra parte -y aqui llego a la primera de mis dicotomias-, hoy recibi un mensaje que, entre la distancia que nos separa y la tristeza que sentia, me dio, por un momento -los 15min de entretiempo en que me permiti pensar en otra cosa-, un rayo de alegria en medio de la tormenta (por tormenta me refiero tanto al rojo como a la lluvia que se largo, que me inundaba el comedor). Obviamente ahora tambien me hace feliz, pero en el momento tire un manotazo de ahogado y ese sms fue la mano que me saco del agua. Que queda para mi? Dolor y tristeza por el amor que me acompaña desde que naci, y felicidad y un sentimiento de extrañarla (en principio negativo, pero positivo si se lo analiza bien) por el amor que espero me acompañe hasta que muera.
El mensaje de texto contenia un corto verso de Los Miserables, lo que me inspiro para la poesia y conteste lo siguiente que comparto con utds, estimados no-lectores:
"Que sentido tiene mojarme bajo la lluvia que torna gris el cielo gris de la ciudad, si no he de ser capaz de buscar tu abrazo reconfortante al ver el sol?
Que sentido tiene mantenerme seco si por dentro me inundo de lagrimas ante tu ausencia?"
He aqui la segunda de mis dicotomias: ella esta, y confio ciegamente (y si no, de que se trata el amor?) en que va a estar...y sin embargo no esta. La dulce incertidumbre de no saber en que momento pasas de pensar "ya vuelve, ya vuelve, falta poco" a "la puta, no vuelve mas! Falta un monton" una y otra vez.
Con esto me despido,
Abrazo de gol y beso de reencuentro
viernes, 8 de febrero de 2013
Aguamar
Las perlas rotas de un collar
ya no sollozan aguamar.
Solo el azar puede saber
el final.
Una niña dormida corre al abismo,
buscando la tristeza, siempre lo mismo:
El alma entre los dientes, ciega de amor.
No corras más,
no corras más.
Una gaviota bajo el sol
volando todo odio y mal,
buscando reconstitución,
vivirá.
Lamento claroscuro, piedra caliza.
Humedeciendo el tiempo seco de tiza
un bosque blanco y solo, llora por vos.
Te amará.
ya no sollozan aguamar.
Solo el azar puede saber
el final.
Una niña dormida corre al abismo,
buscando la tristeza, siempre lo mismo:
El alma entre los dientes, ciega de amor.
No corras más,
no corras más.
Una gaviota bajo el sol
volando todo odio y mal,
buscando reconstitución,
vivirá.
Lamento claroscuro, piedra caliza.
Humedeciendo el tiempo seco de tiza
un bosque blanco y solo, llora por vos.
Te amará.
Introduccion
Hola, mis queridos no-lectores, y bienvenidos a este blog tan trucho. Para ser sinceros no cree este espacio para ser leido por alguien, sino para poder expresarme y descongestionar un poco mi mente; el hecho de que les hable a utds. es simplemente porque me sentiria un boludo hablando solo.
Si cayeron aca por algun capricho del destino y tienen ganas, siganme, que gustoso compartire con vosotros.
Si vinieron a dar con este humilde espacio y me conocen, quizas aqui puedan entenderme un poco mejor.
Si no me conocen y no vinieron a parar aca, pudranse (total no me estan leyendo, no?).
Sin mas -y plenamente para entendidos-, cierro esta entrada con una frase que me marco desde mi infancia: "A lo hecho, pecho"
Adieu
Si cayeron aca por algun capricho del destino y tienen ganas, siganme, que gustoso compartire con vosotros.
Si vinieron a dar con este humilde espacio y me conocen, quizas aqui puedan entenderme un poco mejor.
Si no me conocen y no vinieron a parar aca, pudranse (total no me estan leyendo, no?).
Sin mas -y plenamente para entendidos-, cierro esta entrada con una frase que me marco desde mi infancia: "A lo hecho, pecho"
Adieu
martes, 5 de febrero de 2013
Búho
¡Cuantas noches de insomnio registradas en esta casi virginal libreta! Se ve que no son mis vacaciones mas felices; o es, quizas, que hasta ahora son tal vez las mas limpias.
Hace tiempo ya que sueño despierto que duermo, y cuando duermo nunca logro despertar a tiempo. Y es que es como ya lo dijo Bradbury: es a las 3am en que las almas se dejan morir. No se cuando volvere a afeitarme, si es que no me lo requieren, como tampoco se cuando voy a dormir. Ciertamente se a la hora exacta en que despertare, pero probablemente no sea la misma hora de levantarse, si es que tengo la necesidad de hacerlo. No se cuando dormire. Tal vez sea mañana.
Es curioso: mientras mas cantidad y diversidad de drogas consumia, menos dormia. Cuando abandone esa senda de autodestruccion di por sentado que dicho insomnio se iria corrigiendo. Mucho trabaje -y no esperaba menos- para que esto suceda, y sin embargo aqui estoy en mi cama, tras dos horas revolcandome, tras un largo tiempo de salubridad, y mis ojos, que arden de cansancio, y mis parpados que titilan incontrolablemente, como luciernagas pululando en el campo, no me dan respiro.
No es viable pensar en un desahogo sexual, pues no existe ahogamiento; y aun existiendo, no se podria satisfacer en solitario, con mi propio cuerpo, sino con el de alguien mas que no esta aqui.
Aunque pense que jamas lo volveria a considerar y recien me encontre haciendolo, mi carne permanecera intacta, ya que no tengo hoja de la que hacerme.
He leido, ahora mismo estoy escribiendo, y si no he dibujado es por la mala luz. Me he sonado cuanto hueso pude, masajeado cuanto nudo encontre. Deje caer alguna que otra lagrima, mantuve cerrados los ojos por minutos, y lo unico que consegui fue contar segundos. Bostezo, e inmediatamente mis parpados vuelven a levantarse. No es la posicion, ya no es tristeza, o enojo, o mal humor, no es sed ni hambre. No es incomodidad. No es pena. Es simplemente este insomnio, que me carcome la espina, la medula, y sube por mi columna hasta la nuca. Insomnio que se cuela en mi craneo y como gusanos devora lentamente un cerebro tan gris como esta noche.
Hace tiempo ya que sueño despierto que duermo, y cuando duermo nunca logro despertar a tiempo. Y es que es como ya lo dijo Bradbury: es a las 3am en que las almas se dejan morir. No se cuando volvere a afeitarme, si es que no me lo requieren, como tampoco se cuando voy a dormir. Ciertamente se a la hora exacta en que despertare, pero probablemente no sea la misma hora de levantarse, si es que tengo la necesidad de hacerlo. No se cuando dormire. Tal vez sea mañana.
Es curioso: mientras mas cantidad y diversidad de drogas consumia, menos dormia. Cuando abandone esa senda de autodestruccion di por sentado que dicho insomnio se iria corrigiendo. Mucho trabaje -y no esperaba menos- para que esto suceda, y sin embargo aqui estoy en mi cama, tras dos horas revolcandome, tras un largo tiempo de salubridad, y mis ojos, que arden de cansancio, y mis parpados que titilan incontrolablemente, como luciernagas pululando en el campo, no me dan respiro.
No es viable pensar en un desahogo sexual, pues no existe ahogamiento; y aun existiendo, no se podria satisfacer en solitario, con mi propio cuerpo, sino con el de alguien mas que no esta aqui.
Aunque pense que jamas lo volveria a considerar y recien me encontre haciendolo, mi carne permanecera intacta, ya que no tengo hoja de la que hacerme.
He leido, ahora mismo estoy escribiendo, y si no he dibujado es por la mala luz. Me he sonado cuanto hueso pude, masajeado cuanto nudo encontre. Deje caer alguna que otra lagrima, mantuve cerrados los ojos por minutos, y lo unico que consegui fue contar segundos. Bostezo, e inmediatamente mis parpados vuelven a levantarse. No es la posicion, ya no es tristeza, o enojo, o mal humor, no es sed ni hambre. No es incomodidad. No es pena. Es simplemente este insomnio, que me carcome la espina, la medula, y sube por mi columna hasta la nuca. Insomnio que se cuela en mi craneo y como gusanos devora lentamente un cerebro tan gris como esta noche.
Tal vez, como dijiste, vos sos paloma, y
yo soy buho.
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