Quiero apretarte entre mis brazos hasta que te crujan las costillas y la presión sangre por tus orejas. Quiero partirte las piernas, quiero arrastrarte de los pelos de la nuca hasta el otro lado del salón. Quiero verte llorar y oir tus gritos, que empiezan como súplicas y se van tornando en aullidos.
Deseo rasgar tu remera, agarrarte y levantarte de la piel del pecho hasta apoyar contra el suelo los huesos que te dieron pie. Deseo sacar del banco las maderas y estamparte las manos, con los herrumbrados clavos, contra la pared hasta que te sostengas.
Quiero calentar mi encendedor y quemarte el vientre una y otra y otra vez, y cuando ya no lo sientas, quemarte los ojos con la llama viva.
Deseo arrancarte la piel de la cara y masticar con hambre la carne que alguna vez te hizo sonreir como odio que sonrías. Deseo cortarte la garganta con el cuchillo que me acompaña desde hace tanto, desde chiquito, hasta que la sangre fluya de tu cuello hasta mi boca.
Lo más importante de todo, es que deseo mantenerte vivo hasta el final, para que sufras, para escucharte gritar.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
jueves, 30 de mayo de 2013
Sensaciones
Sentado, con Cramer detrás de mi dolida espalda, me ahogo en el humo de un colectivo, a veces real, a veces imaginario. Saboreo el hambre del mediodía y veo los colores de la mochila de Emi, el monocromo de la mochila de Emi, tinta que, a la espera de ser parte de bellos poemas, hermosos sonetos o angelicales cuentos infantiles, terminó chocando contra un sweater.
Mi pelo al viento tapa parcialmente al edificio que se yergue frente a mi. ¿Qué tan lindo es descubrir lo bonito de un símbolo, aún cuando lo que éste representa choca de frente contra mis creencias propias? ¿Qué tan horripilante es ver la cara del perro que me mira a los ojos con gesto amable mientras su dueña tironea de la correa hablando por celular?
El loop infinito del transito me deprime casi tanto como el pasado en el olor de un cigarrillo, pero me permite reflexionar, escribir y describir esta escena de mediodía de jueves como si estuviese pintando con acuarelas: claro, pero un poco incomprensible si quien lee no es quien escribió. A fin de cuentas, si no escribo me vuelvo loco.
Conservo en mi boca sensaciones: gusto, tacto.
Veo el monocromo de la mochila de Emi.
Huelo felicidad, no se bien en qué. En el aire.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
Mi pelo al viento tapa parcialmente al edificio que se yergue frente a mi. ¿Qué tan lindo es descubrir lo bonito de un símbolo, aún cuando lo que éste representa choca de frente contra mis creencias propias? ¿Qué tan horripilante es ver la cara del perro que me mira a los ojos con gesto amable mientras su dueña tironea de la correa hablando por celular?
El loop infinito del transito me deprime casi tanto como el pasado en el olor de un cigarrillo, pero me permite reflexionar, escribir y describir esta escena de mediodía de jueves como si estuviese pintando con acuarelas: claro, pero un poco incomprensible si quien lee no es quien escribió. A fin de cuentas, si no escribo me vuelvo loco.
Conservo en mi boca sensaciones: gusto, tacto.
Veo el monocromo de la mochila de Emi.
Huelo felicidad, no se bien en qué. En el aire.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
Un libro
Narra la historia de un libro sin más tapa que un negro cuero, cuyo alma, incomprensible a simple vista, no es más que una guía para quien descifre sus recovecos. Narra también la historia de quien lo descubra y estudie, llegando a apreciarlo y codiciarlo inclusive.
Es quizá el miedo el vehículo para encontrarlo, y el perder el miedo lo que lleva a investigar, a leer y comprender el alma del libro.
La noche primera en que se entienda una palabra -puesto a que simplemente no parece correcto leerlo de día- será una noche de suave garúa. A medida que pase el tiempo y el alma, quien lo posea comenzará a poseer también la ilusión de seguridad, y el miedo de cualquiera que sepa que uno esta comprendiendo lo incomprensible.
Una guía, un vehículo, un camino de ida. La muerte al chasquear los dedos. La vida, casi sin saberlo. La magia de lo inocuo que deja de serlo ¿es magia, o simplemente pura subjetividad? ¿Son las instrucciones órdenes a seguir a rajatabla? Son los rayos en el cielo señal de que el libro ha sido concluído. La luna, en llamas, alumbra con luz prestada a las nubes que, de tanto quemarse, lloran pesadas lagrimas. Una guía. El alma del libro es una guía, un vehículo, un camino hacia el alma de quien no lo escribió, de quien no lo leyó, y ni siquiera lo conoce, y sin embargo es su dueño.
En círculo, cenizas vuelven a arder. El miedo vuelve a quien lo había perdido. El mundo, sin saberlo, respira sus últimas bocanadas de vida.
Es quizá el miedo el vehículo para encontrarlo, y el perder el miedo lo que lleva a investigar, a leer y comprender el alma del libro.
La noche primera en que se entienda una palabra -puesto a que simplemente no parece correcto leerlo de día- será una noche de suave garúa. A medida que pase el tiempo y el alma, quien lo posea comenzará a poseer también la ilusión de seguridad, y el miedo de cualquiera que sepa que uno esta comprendiendo lo incomprensible.
Una guía, un vehículo, un camino de ida. La muerte al chasquear los dedos. La vida, casi sin saberlo. La magia de lo inocuo que deja de serlo ¿es magia, o simplemente pura subjetividad? ¿Son las instrucciones órdenes a seguir a rajatabla? Son los rayos en el cielo señal de que el libro ha sido concluído. La luna, en llamas, alumbra con luz prestada a las nubes que, de tanto quemarse, lloran pesadas lagrimas. Una guía. El alma del libro es una guía, un vehículo, un camino hacia el alma de quien no lo escribió, de quien no lo leyó, y ni siquiera lo conoce, y sin embargo es su dueño.
En círculo, cenizas vuelven a arder. El miedo vuelve a quien lo había perdido. El mundo, sin saberlo, respira sus últimas bocanadas de vida.
Una idea
Una idea.
A partir de la idea,
un desarrollo.
El desarrollo se escribe,
para no ir olvidando.
Las páginas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
Se lee el desarrollo.
Se alcanza la idea cruda,
la base primordial.
Las ideas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
A fin de cuentas,
se escribe
para ir olvidando
poco a poco,
mucho a mucho.
Y a pesar de que no es fácil,
se puede escribir
para no olvidar lo que se olvida.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
A partir de la idea,
un desarrollo.
El desarrollo se escribe,
para no ir olvidando.
Las páginas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
Se lee el desarrollo.
Se alcanza la idea cruda,
la base primordial.
Las ideas se amuchan,
se reproducen,
se reparten por todos lados.
A fin de cuentas,
se escribe
para ir olvidando
poco a poco,
mucho a mucho.
Y a pesar de que no es fácil,
se puede escribir
para no olvidar lo que se olvida.
Esto es parte de una pequeña seguidilla de cosas que escribí en el Taller de Escritura del colegio
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