Ptrrrrak. Se rompe el plastico. Sordo ruido de bullicio en un cuarto vacio. El aire es denso y viscoso, entra al pecho como un aceite con olor a decadencia urbana, o decadencia humana -que es basicamente lo mismo-. ¡Cling! Una vieja cuchara cae estrepitosamente al suelo de baldosa, para ser levantada por la huesuda mano de piel gris opaca. La cuchara, sin brillo, irrecuperablemente doblada, reclama el trono de la escena. Hace notar su irremplazable puesto, la absoluta necesidad de su presencia, echa sobre la mesa su antigüedad, su experiencia, y su buen desempeño. Pero usted, y yo, y la cuchara, todos sabemos que es meramente una actriz de reparto. Puede postularse al trono del Rey Mono, pero apenas lleg...lle...llNGHEAAJJJ. ¡Atencion! Fetida y repugnante hace su entrada la bilis. Tibia, impura, se recuesta en un balde sucio y maloliente. Su ruidoso desfile de entrada deja a todos languideciendo por un momento, con las rodillas debiles, necesitando asiento; pero ni bien pasa el estupor inicial, pronto todos nos olvidamos de ella, dejamos de prestarle atencion. La cuchara, sabiendose tambien perdedora, la levanta.
Alzan a la Infanta de su cama de bolsa. Todos la admiramos, contenemos el aliento cuando pasa frente a nuestros ojos, pero humilde declara: "Este no es mi trono", y se acomoda con los otros cortesanos.
"Cshik, cshik", se aclara el fuego, "permitanme...", y mientras abraza a los desplazados de la carrera por gobernar, exlama con toda majestuosidad: "¡Permitanme presentarles a su futura Reina!". Irrumpe la aguja y todos aplauden, mas ella, modesta, los hace callar cortezmente. "Oigan", susurra. Pblug. Pblug. Pblugrubruglubr. La aguja levanta con suavidad a la Princesa como si fuera su propia hija. "Ya veis vosotros, que os creias gobernados, que todos juntos reinaran. ¡Que viva la Reina!". "¡Viva!". Pac, pac. Unos golpecitos, y la aguja la deposita en su trono venoso.
Con la princesa en su lugar, la ocasion sugiere gozo y regocijo. Todo es alegria por unos instantes. Todos gritan. Todos celebran, todos se embelezan, todos tiemblan, todos callan eternamente, olvidados en una habitacion cerrada. La verdadera Reina ha ocupado su trono.
jueves, 12 de marzo de 2015
martes, 20 de enero de 2015
¿No es grotesca la belleza poetica de la humillacion?
"Hay
muchos sujetos vulnerables a la humillación sexual. Desnudez, estimulación con
afrodisíacos, vigilancia constante para incomodar al sujeto e impedirle el
alivio masturbatorio (durante el sueño, las erecciones hacen sonar
automáticamente un enorme
zumbador eléctrico que vibra la cama y
arroja al sujeto a una bañera de agua fría, lo que reduce al mínimo al número
de poluciones nocturnas). Trucos para hipnotizar a un sacerdote, explicarle que
está a punto de consumar una unión hipostásica con el
Cordero, y luego poner a un carnero
verriondo a darle por el culo. Después de esto el Interrogador obtienen un
control hipnótico absoluto, y el sujeto acudirá a su silbido, se cagará en el
suelo con que le diga "ábrete sésamo". No es preciso decir que el sistema
de humillación sexual está
contraindicado en la homosexualidad declarada. (Es decir, hay que abrir bien
los ojos y recordar las viejas consignas... nunca se sabe quién está
escuchando.) Recuerdo a un chico al que condicioné para que se cagase al verme.
Luego le limpiaba el culo y me lo follaba. Cosa sabrosa. Y además, era un chico
encantador.. Y a veces un sujeto se echa a llorar como un niño porque no puede
evitar el eyacular cuando se lo follan. Bien, como se ve claramente, las
posibilidades son infinitas, como los senderos que se bifurcan en un grande y
hermoso jardín."
-William S. Burroughs, "Naked Lunch"
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