Alberto corría, gritaba, lloraba, escapaba del suelo. Mi voz
quebraba y se quebraba en el silencio que moría. Alberto no entendió la
parte superior, y cayó. Cayó, más no calló. Vivió cada momento gritando,
desde el fondo. Gritó, jugó, cegó con su mirada ciega. No, no puedo
ver. ¡No! ¡No puede ser! Grito, canto, aúllo, exploto, caigo, me
quiebro. Yo seré el animal, vos serás mi dueña.
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