A los quince años de edad, sus padres se divorciaron a causa de sus ideologías opuestas. De padre astronauta y madre, curiosamente para la época, ingeniera astrofísica, el primero se inclinó por la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas en la carrera espacial, mientras que la última decidió virar hacia la NASA, en los Estados Unidos de América. Un Isaac adolescente apenas podía sobrellevar la idea de la separación cuando le preguntaron dónde quería vivir. Anonadado, respondió: "Voy a fundar mi lugar en Marte".
Lo que parecía ser la continuación de los pasos de su familia pronto se volvó a la escritura. Bradbury era poco comunicativo con los jóvenes de su edad, y en la literatura encontró su espacio de expresión. Luego de publicar tres cuentos de ciencia ficción en un diario barrial, decidió pedir trabajo allí mismo, y lo consiguió sin más problemas. El diario Sol Naciente lo empleó finalizando su ultimo año de enseñanza media, y es asi como se introdujo en el periodismo. Tras unos años subsistiendo gracias a cuentos publicados y el pobre trabajo en el pequeño diario, fue descubierto por su mentor, John Lee Hook, un balalaikista de muy poca fama quien se hacía el día a día con críticas musicales para Oblivion, uno de los diarios mas populares del país. Hook lo presentó en Oblivion como "el mejor joven escritor en cincuenta años" e inmediatamente pidió para el joven Isaac, ya con casi veinticinco años, un puesto de crítico artístico.
Bradbury se sentía muy turbado, ya que nunca había escrito una crítica y temía defraudar a quien confió en él, pero el diario lo envió a cubrir eventos sin mayor importancia, lo que lo alivió de su temor inicial. Inesperadamente, las criticas de Isaac comenzaron a causar furor. Su literaria forma de escribir interesó al público del diario, y todo evento criticado por el muchacho se volvía famoso (para bien o para mal). Oblivion le ofreció un sustancioso aumento de sueldo y un ascenso, pero él se negó repetidas veces a lo largo de los años. Como el diario insistía, propuso que el dinero que pensaban darle fuera usado para enviarlo a cubrir los eventos que le interesaran, y es así, ya consolidado en su puesto, famoso y respetado, que tuvo su primera gran crítica mundialmente reconocida.
La Consagración de la Primavera Porteña: Viva Piazzolla
En 1970, Astor Piazzolla compone Primavera Porteña, y no estaba dispuesto a perdérselo. Presenta el proyecto en Oblivion y naturalmente es aprobado. Por primera vez en su vida, Isaac Bradbury emprende un viaje internacional que terminaría en una obra maestra sobre otra obra maestra. El artista que siempre vivió en él fue tocado en su fibra más íntima por Piazzolla, y no pudo más que escribir no una crítica, no un artículo perdiodístico, sino una verdadera obra literaria. Los lectores a lo largo y ancho del mundo quedaron maravillados ante la pasión y la emoción escritas en esas hojas de diario.Pina y la danza de la vida
Inesperadamente, apenas cinco años despues de este suceso en el mundo periodístico y artístico en general, el 3 de Diciembre de 1975, Pina Bausch coreografeó, justamente, la Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky. Nuevamente, Bradbury estuvo allí.La sorpresa, lo inimaginado. No solo la coreografía, sino también la escenografía, como la música se entrelazaba entre los cuerpos danzantes. Luego de un lustro, otra conmovedora primavera desató una ferviente locura irracional en el escritor, que volcó por primera y única vez en la tapa de un diario su más exquisito arte. Sus lectores lo compraban y promocionaban como un libro nuevo, pero un libro solo no podría contener tanta magnificencia como el artículo en cuestión.
En 2007, Isaac Bradbury, ya largamente retirado con ochenta y siete años y residiendo en Argentia junto a su pareja, llegó fortuitamente a un teatro por mera curiosidad, y dió la casualidad de que en apenas media hora se estrenaría la obra "Acassuso", de Rafael Spregelburd. Él no conocía al autor, ni había planeado ir al teatro ese día, pero seguramente por nostalgia, en cuanto se enteró de que era la primera vez que se representaría una obra no pudo resistirse. Compró una entrada y se acomodó en una butaca esperando el comienzo.
La obra transcurrió, finalizó y todos ya terminaban de abandonar la sala cuando un crítico del diario X se acercó tímidamente y le preguntó si era "él". Bradbury rió ante la frase, y contestó afirmativamente. El joven no pudo contener la alegría e inmediatamente le agradeció por la belleza y la inspiración de sus obras. Isaac, ya viejo y cansado de las adulaciones, le pidió que por favor se detenga. En seguida sacó un papel, una birome, escribió una breve pero concisa crítica y se la entregó al muchacho. "Publicala en tu diario, pero titulala vos". Esa fue la frase que llenó el alma del joven crítico para siempre, y fueron las últimas palabras conocidas de Bradbury.
Esa misma tarde-noche, volviendo a su hogar, un ciclista salió despedido del choque contra un colectivo de línea, aterrizando justo sobre la humanidad del escritor. Su viejo cuerpo no resistió el fuerte impacto, y murió antes de que llegara la ambulancia a auxiliarlo.
Isaac Bradbury murió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a los 87 años de edad, el 16 de Marzo de 2007. Su última crítica, Acassuso, una obra de teatro que no necesita ser actuada, fue publicada al día siguiente, junto a una página completa de homenaje.
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