viernes, 8 de agosto de 2014

La Fabrica

     "En el arrabal proletario, la sirena de la fabrica lanzaba diariamente a un aire saturado de humo y grasa su vibrante rugido; obedientes a ella, unos hombres sombrios, de musculos entumecidos por la falta de sueño, salian de las grises casuchas, corriendo como cucarachas asustadas. A la fria luz del amanecer iban por la callejuela sin empedrar hacia la gran jaula de la fabrica, que les esperaba indiferente y firme, alumbrando la calle barrosa con sus decenas de ojos grasientos y cuadrados. Se oia el chapotear de los pies en el barro, resonaban voces soñolientas en roncas exclamaciones, injurias soeces rasgaban el aire con furia, mientras una oleada de ruidos variados venia al encuentro de los obreros: el pesado jadeo de las maquinas, el gruñido silbante del vapor (...). La fabrica se habia tragado una jornada mas, y las maquinas habian succionado de los musculos del hombre toda la fuerza que necesitaron. El dia se borro de la vida, sin dejar ningun rastro; el hombre habia dado un paso mas hacia la sepultura (...). La fatiga acumulada durante largos años les embotaba el apetito: para comer, bebian en abundancia excitando su estomago con el fuego ardiente del vodka (...). Cuando se encontraban unos con otros, hablaban de la fabrica y sus maquinas, maldecian a los capataces. Todas sus palabras y todos sus pensamientos estaban ligados al trabajo (...).
     Agotados por el trabajo, se embriagaban con facilidad, y en todos los pechos se iba alzando una irritacion morbosa, inconsciente, que buscaba desahogarse. Y buscando cualquier ocasion para soltar ese sentimiento, por la primera diferencia nimia se lanzaban como fieras unos contra otros, en riñas sangrientas, que a veces terminaban con heridas graves y hasta en asesinato (...). Habia, sin embargo, algunos que decian cosas nunca oidas en el barrio obrero. Nadie les discutia, pero sus palabras eran oidas con desconfianza. Aquellas palabras provocaban en algunos una irritacion ciega; en otros, confusa inquietud; en otros, aun, una sombra de esperanza en algo poco claro. Luego, los hombres comenzaban a beber mas para deshechar aquella alarma molesta e innecesaria."

Maksim Gorki, La Madre

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