En la vasta soledad de esta urbe efervescente,
me tiende un puente hacia la intimidad;
y,
aunque tenga dudas,
no dudo.
Seguro,
voy
con la frente en alto
hacia esa intimidad ya compartida;
bien dispuesto a lo peor, esperando una alegría
con la cual perseverar
a través
de tanta soledad
en compañía.
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