Se alzó la estrella del mar,
Corazón de las aguas.
Tan fuerte era el llamado del Navegante de los Cielos
Para con su perdido reflejo submarino,
Que no faltó quien creyera
Que, queriendo subir al reencuentro,
La propia joya
Elevó la cima del Meneltarma
Todo lo alto que pudo,
Y allí quedó incrustada,
En la más occidental de las moradas de los Segundos,
En la estrella del mar.
Plataforma ultramarina,
Su llana cumbre aún respira
Perdida en la danza de las olas.
Santuario abandonado,
Profanado,
Pervertido,
¿Qué tan lejos quedó Tar-Miriel?
Mucho se ha penado ya
Por la segunda caída.
Que la soledad, el tiempo, y las aguas salobres
Laven la negra sangre,
La injuria.
Llevando por mapa
El recuerdo de un recuerdo,
Hará un marinero el impensado viaje. Lanzado a la vastedad,
Fracasará si terco.
Si intrépido, en cambio,
No rehuirá del Oeste.
Pondra pie
En la cima del Meneltarma,
Y entonara las súplicas que libertarán a los Edain.
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