Narra la historia de un libro sin más tapa que un negro cuero, cuyo alma, incomprensible a simple vista, no es más que una guía para quien descifre sus recovecos. Narra también la historia de quien lo descubra y estudie, llegando a apreciarlo y codiciarlo inclusive.
Es quizá el miedo el vehículo para encontrarlo, y el perder el miedo lo que lleva a investigar, a leer y comprender el alma del libro.
La noche primera en que se entienda una palabra -puesto a que simplemente no parece correcto leerlo de día- será una noche de suave garúa. A medida que pase el tiempo y el alma, quien lo posea comenzará a poseer también la ilusión de seguridad, y el miedo de cualquiera que sepa que uno esta comprendiendo lo incomprensible.
Una guía, un vehículo, un camino de ida. La muerte al chasquear los dedos. La vida, casi sin saberlo. La magia de lo inocuo que deja de serlo ¿es magia, o simplemente pura subjetividad? ¿Son las instrucciones órdenes a seguir a rajatabla? Son los rayos en el cielo señal de que el libro ha sido concluído. La luna, en llamas, alumbra con luz prestada a las nubes que, de tanto quemarse, lloran pesadas lagrimas. Una guía. El alma del libro es una guía, un vehículo, un camino hacia el alma de quien no lo escribió, de quien no lo leyó, y ni siquiera lo conoce, y sin embargo es su dueño.
En círculo, cenizas vuelven a arder. El miedo vuelve a quien lo había perdido. El mundo, sin saberlo, respira sus últimas bocanadas de vida.
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