Caminar por las tumultuosas calles de tan enorme ciudad, esquivando vampirezcas travestis de metro noventa, con enormes senos siliconados y atizbos de barba; luchando y perdiendo contra la humedad que desde el rio vuelve el aire viscoso y espeso, y la pesadez de treinta y seis grados apagando los sentidos mientras se respira mas humo que oxigeno.
La ruta de la droga se encauza en una gran avenida y desemboca en Plaza Miserere, comiendole la cabeza a los nenes, que nunca jamas pudieron jugar. Da miedo que de miedo la policia, y mas miedo da que de miedo el Estado.
Unos se mueren de hambre, otros de angustia, algunos de droga, policia o desamparo. Buenos Aires, pandemonio, ¿como es que sigo queriendote?
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