Presentación
de la obra
(Pixon Project, Sin título, 26 de Agosto de 2016)
“El proyecto Pixon presenta de forma irónica fotografías de desnudos
femeninos que serían censuradas en Instagram por mostrar pezones.
A través de la apropiación y manipulación, este proyecto comparte
en la red social imágenes encontradas en internet, invirtiendo el
orden, pixelando la imagen y mostrando solo los pezones. De esta
manera desafía a la comunidad de Instagram para explorar donde están
los límites de lo censurable, y plantea una reflexión sobre el tema de
la censura del cuerpo femenino en esta red social”.[1]
Análisis y propuesta
La
imagen pertenece al sistema artístico <fotografía>, dentro del mundo del
arte, y es un artefacto creado por une artista para ser presentado ante un
público dentro de este mundo[2].
Posee intencionalidad artística, que le confiere el carácter de obra[3], y
el cuerpo humano está funcionando como material artístico a la hora de ser
fotografiado[4].
El cuerpo es sacado de su contexto habitual, eliminando su finalidad práctica y propiciando su consideración
estética, no meramente ornamental o sensible, sino que, mediante la adición
del simbolismo –expuesto en la auto-descripción extraída del sitio de Pixon
Project-, esta consideración estética es conceptual.[5] La
imagen, entonces, es “(...) un signo, es decir un lugar de articulación de
significados a descubrir mediante un esfuerzo de interpretación. El signo aquí
estaría acentuando, fundamentalmente, la función significante. En este punto se
produce la 'transfiguración' de la cosa en obra (...).". [6]
Con esta
imagen y este párrafo, he tratado de demostrar cómo el cuerpo humano, mediante
su utilización para la creación de una obra artística, se estetiza; es decir, se prioriza lo estético por sobre la función
práctica a la hora de emitir un juicio. Y es que resulta que todo es estetizable y permanentemente estetizado en los tiempos contemporáneos[7].
Pero… ¿Cómo afecta esto nuestra vida? Seguramente encontremos que, depende a
que caso se aplique la pregunta, la respuesta será que afecta de manera positiva,
negativa o indiferente; pero respecto al cuerpo, muchas veces encontramos, en
boca de propios y ajenos, que éste es usado como la expresión de la propia
personalidad, gustos, ideología, etc.. Dicho esto, pretendo reflexionar a
partir de la siguiente cita de Groys:
"(...) Mucha gente ve a nuestra sociedad actual -la sociedad del diseño
comercial, la sociedad del espectáculo- como un juego de simulacros detrás del
cual no hay nada más que vacío. Y este es, de hecho, el modo en que esta
sociedad se presenta a sí misma, para la perspectiva de alguien que asume una posición
puramente contemplativa (...). Sin embargo esta posición pasa por alto el hecho
de que el diseño actual se ha vuelto total, y por lo tanto ya no admite una
posición contemplativa y exterior. Quedó probado que el giro que Loos anuncio
en su momento se ha vuelto irreversible: cada ciudadano del mundo contemporáneo
aún tiene que asumir una responsabilidad ética, estética y política por el
diseño de sí. En una sociedad en la que el diseño ha ocupado el lugar de la
religión, el diseño de sí se vuelve un credo. Al diseñarse a sí mismo y al
entorno, uno declara de alguna manera su fe en ciertos valores, actitudes, programas
e ideologías. De acuerdo con este credo, uno es juzgado por la sociedad y este
juicio puede, por cierto, ser negativo e incluso amenazar con la vida y el
bienestar de la persona involucrada"[8]
¿No es
esta última oración lo que viven, por ejemplo, las mujeres en relación a su
cuerpo y la heteronorma patriarcal? De ahí, justamente, que la obra por mi
elegida toma todo el poder de su significación. Tendremos, entonces,
fundamentalmente dos posibles posiciones a tomar: o bien cuestionar la
toxicidad de ese juicio social desde dentro de las reglas de juego impuestas
(es decir, diseñar contracultura dentro
de los propios códigos de la cultura dominante)[9]; o
bien, por el contrario, buscar trascender (en sentido de superar, dejar en el
pasado) la cultura de la estetización total, entendiendo que ciertas cosas merecen no ser permanentemente estetizadas -a pesar de la posibilidad
de hacerlo[10]-,
lo cual implica cargar, hasta no alcanzar esa superación cultural, con la
presión social de la ya establecida y dominante cultura. Me inclino a pensar
que la opción segunda resulta, en su concreción final, más liberadora y
saludable para la el cuerpo y la mente, más allá del sufrimiento que implique
llegar a ese acabado, ya que desde la caverna de Platón sabemos que la
transición de obscuridad/esclavitud-desde-la-ignorancia a iluminación/liberación-desde-el-conocimiento
implica sufrimiento. Antes que adaptarnos al sometimiento insalubre de la
estetización total y constante del cuerpo, apuesto por la deconstrucción de
esta cultura. Esta, mi apuesta, por supuesto que no niega la posibilidad de
estetizar el cuerpo humano –estaría negando lo que al comenzar afirmé-, ni
considera este acto como insalubre en cada caso individual, sino sólo cuando se da en la totalidad del
conjunto de instantes, cuando la preocupación sobre el propio cuerpo en
términos de salud está más ligada a aspectos psicológicos de autoestima que
aspectos biológico-funcionales, cuando el cuerpo estético se torna predominante
y permanentemente más importante que el cuerpo vivo.
Post Scriptum
El enfoque de este trabajo me surge a partir de ver,
Instagram mediante, como cientos y cientos de mujeres autoproclamadas
feministas –y no es mi intención negar que lo sean- componen, diseñan su
persona pública, su perfil, casi enteramente por imágenes sexualizadas de su propio
cuerpo (y no es que sea mi mirada machista que sexualice esos cuerpos, sino que
son esas mismas personas quienes explicitan esa intención mediante, por
ejemplo, el pie de foto). Encuentro esta mirada [de una sección] del feminismo
como relativamente superficial, en tanto la liberación del cuerpo está o parece
estar, como respuesta a años y años de represión de la sexualidad femenina y de
no-pertenencia del propio cuerpo, únicamente ligada a la hiperexposición, a la
hipersexualización, dando por resultado un cuerpo que, esta vez con
consentimiento, continúa siendo permanentemente juzgado estéticamente, continúa
siendo cosificado. Mi punto de choque no es, repito, con la posibilidad de
disponer del cuerpo –menos aún del propio cuerpo- a una consideración estética
en general, sino cuando este fenómeno permanece en cada instante del tiempo.
Por eso escogí trabajar con Pixon Project, que reflexiona, justamente, con cómo
el pezón femenino es tan permanentemente sexualizado que se censura, como si no
fuera una parte del cuerpo sino únicamente un objeto sexual.
[2] "-Una obra de arte es un artefacto
de una clase creado para ser presentado ante un público del mundo del arte.
-Un artista
es una persona que participa con entendimiento en la confección de una obra de
arte.
-Un público
es un conjunto de personas, cuyos miembros estar preparados hasta cierto grado,
para
comprender
un objeto que les es presentado.
-El mundo
del arte es la totalidad de todos los sistemas del mundo del arte.
-Un sistema
del mundo del arte es un marco para la presentación de una obra de arte por un
artista ante un público del mundo del arte". Dickie, George (1997). “Teoría
institucional del arte” en Introducción a
la estética, un acercamiento analítico. Nueva York. Oxford University
Press, pp. 13
[3] "(...) Para que una propuesta sea
reconocida como obra, es necesario que presente una intencionalidad dirigida a
ello. (...) La intencionalidad artística, que confiere a una propuesta el
carácter de obra, presupone la puesta en cuestión de la percepción habitual del
mundo, así como de la inserción funcional y meramente comunicativa, también
habitual, de las imágenes y los objetos en nuestra experiencia de vida". Jimenez,
José (2002). “Componentes” en Teoría del
arte. Madrid. TECNOS, pp. 114, 115
[4] "(...) Parte de los problemas nacen
de plantear una pregunta equivocada, de no aceptar que una cosa puede funcionar
como obra de arte en algunos momentos y no en otros. (...)". Goodman,
Nelson (1978). ¿Cuándo hay arte? en Maneras
de hacer mundos. Madrid. Visor, pp. 98
[5] "Al eliminar la finalidad practica o
material de los objetos, al sacarlos de su contexto habitual, se propicia la consideración
estética de los mismos, no en un sentido ornamental o sensible, sino en un
sentido básicamente conceptual". Jimenez, José (2002). “Arte es todo lo
que los hombres llaman arte” en Teoría
del arte. Madrid. TECNOS, pp. 32
[6] de Gyldenfeldt, Oscar. ¿Cuándo hay
arte? en Cuestiones de arte contemporáneo
[Oliveras, Elena (2008]. Buenos Aires, Emecé, pp. 33
[7] "Vattimo está particularmente atento
al fenómeno de la herencia de las vanguardias por parte de las neo vanguardias
de los años sesenta. En La sociedad
transparente se refiere al pasaje de la utopía (de las
vanguardias)
a la heterotopía de las neo vanguardias de la segunda mitad del siglo XX. Es el
momento en que la obra -neo vanguardista- pasa a ocupar un lugar 'otro',
diferente de los espacios tradicionalmente asignados. El campo del arte se
amplifica, 'explota', se vuelve parte de la vida real dejando de ser un momento
'especializado', un 'domingo de la vida', como decia Hegel". Oliveras,
Elena (2006).” La estética del fin de siglo” en Estética. La cuestión del arte. Buenos Aires. Emecé, pp. 330
[8] Groys, Boris (2010). “La obligación
del diseño de sí” en Volverse público.
Nueva York. Sternberg Press, pp. 33
[9] "Ahora (...) ya no podemos hablar de
contemplación desinteresada cuando se trata de una cuestión de manifestación de
Yo, de auto-diseño, de auto-posicionamiento en el campo estético, ya que el
sujeto de la auto-contemplación claramente tiene un interés vital en la imagen
que le ofrece al mundo exterior". Groys, Boris (2010). “La obligación del
diseño de sí” en Volverse público. Nueva
York. Sternberg Press, pp. 35
[10] "Loos quería traer el cielo a la
tierra; buscaba ver las cosas como eran, sin ornamento alguno. Es decir que Loos
buscaba apropiarse de la mirada divina. No solo eso, también quería que todos
fueran capaces de ver las cosas tal como se revelaban ante la mirada divina. El
diseño moderno espera el apocalipsis, un apocalipsis que revelara las cosas,
les arrancara su ornamento y las mostrara tal como son en verdad". Groys,
Boris (2010). “La obligación del diseño de sí” en Volverse público. Nueva York. Sternberg Press, pp. 26

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